No se cansa de jurar que ella es diferente. Le gusta mentir, y lo hace muy bien, pero ya es mucho tiempo y me aprendí todos sus trucos. Ella apoya su cabeza sobre mi pecho, su pelo me roza las mejillas y sé que no hay ningún lugar mejor que a su lado. Me dice que me quiere, me miente, y yo le sigo el juego diciéndole que la quiero. Así está tranquila y yo disfruto de su calor, de sus labios y no me quedo solo los días más fríos.
A veces se incorpora y despega su cabeza de mi pecho para mirarme fijamente, y me sonríe sin despegar los labios mientras veo sus ojos increíbles mirarme con aires felinos. Y, en ese preciso momento, sé que me va a besar, y lo hace y creo que la quiero en realidad. Pero hace tiempo aprendí que yo no me puedo enamorar; a pesar de que hay días que creo que sí, en el fondo sé que no sabría quererla de verdad.
Y seguimos con lo nuestro, esperando algún simple giro del destino.
Y otra noche más tú querrás soñar
pero la más pura soledad
no se cura con champán y cocaína.
domingo, 5 de febrero de 2012
sábado, 28 de enero de 2012
Selon les loups.

Esos edificios de los que solo queda en pie la fachada tras un bombardeo, mientras su interior es un gran vacío con escombros en el fondo. Y personas que se parecen a esos edificios. Personas que deberían pensar en otras personas que intentan apagar el fuego, como los bomberos de la fotografía.
Hoy de nuevo cerraremos los ojos, deseando con devoción, una nueva noche ártica y del negro más puro, no como el de la oscuridad sino como el del ébano.
viernes, 23 de diciembre de 2011
Trenes difíciles de parar.
“¿No los odias?, esos silencios incómodos. ¿Por qué necesitamos decir algo para rellenarlos?. Es por eso que sabes que has encontrado a alguien especial. Puedes estar callado durante un puto minuto y disfrutar del silencio”.

23 de diciembre.
Hace ya dos años que subimos a este tren, yo con sombrero y traje de seda, y ella con un vestido que parecía haber sido diseñado expresamente para quitarme el aliento. Nos sentamos en los últimos asientos del último vagón y, uno frente al otro, recorrimos los paisajes más extraños y bonitos. Nos mirábamos en silencio, mientras los cafés derivaban en vasos de whisky, y yo, sin poder apartar la mirada de sus hipnóticos ojos claros, pensaba en la inmensa suerte que tenía de estar allí, y en lo pequeño que me sentía ante las casualidades que habían hecho que yo terminase conociéndola.
Algo que escapaba a nuestra voluntad había intercedido por nosotros y nos había llevado a aquel lugar. Y, justo en aquel instante, mientras sonreía y me miraba fijamente, me incorporé hacia ella y le prometí que nunca, nunca, y por nada del mundo, me iba a bajar de aquel tren.
Te quiero.
Todo el camino esquivando camiones,
mi corazón se iba a salir
cada vez que te volvías a mirar hacia mí.

23 de diciembre.
Hace ya dos años que subimos a este tren, yo con sombrero y traje de seda, y ella con un vestido que parecía haber sido diseñado expresamente para quitarme el aliento. Nos sentamos en los últimos asientos del último vagón y, uno frente al otro, recorrimos los paisajes más extraños y bonitos. Nos mirábamos en silencio, mientras los cafés derivaban en vasos de whisky, y yo, sin poder apartar la mirada de sus hipnóticos ojos claros, pensaba en la inmensa suerte que tenía de estar allí, y en lo pequeño que me sentía ante las casualidades que habían hecho que yo terminase conociéndola.
Algo que escapaba a nuestra voluntad había intercedido por nosotros y nos había llevado a aquel lugar. Y, justo en aquel instante, mientras sonreía y me miraba fijamente, me incorporé hacia ella y le prometí que nunca, nunca, y por nada del mundo, me iba a bajar de aquel tren.
Te quiero.
Todo el camino esquivando camiones,
mi corazón se iba a salir
cada vez que te volvías a mirar hacia mí.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Not here.
Aquel hombre viejo se había cansado de vivir muchos años atrás. Pero en aquel momento estaba contento porque sabía que ya no le quedaba mucho tiempo y pronto iba a descansar y a olvidar todos esos recuerdos que cada noche le destrozaban por dentro.
En la mesilla descansaba su viejo encendedor y también un paquete de tabaco del que asomaban media docena de cigarrillos. Se sintió bien al pensar que no había dejado de fumar hasta el último día de su vida. Un poco más allá, apartado, descansaba un sobre blanco con un nombre escrito en el reverso. En su interior descansaba una carta de despedida destinada a la única persona que le quedaba en el mundo, y que ya casi no iba a verle.

Estaba cansado, muy cansado. Sobre sus hombros llevaba la fatiga de una vida dura, con miles de kilómetros recorridos por todo el mundo y alguna que otra guerra. Pero sobre todo llevaba la carga de una mujer a la que no pudo cuidar, y que se apagó en sus brazos 15 años atrás, llevándose su alma y la de aquel pobre hombre.
Su último pensamiento fue para ella, pero no lloró pues ya no le quedaba ninguna lágrima que derramar. Miró hacía la ventana de la habitación y pesadamente se dio la vuelta en la cama hasta que la claridad que entraba por ella y todo el mundo exterior quedaron a su espalda.
- Ahora me vais a perdonar que me dé media vuelta, pero es que me voy a morir y ésto quiero hacerlo sólo.
Y murió, pero su corazón ya había dejado de latir muchos años atrás.
También es cierto que podríamos estar mejor,
pero ya ves, las buenas cosas mueren bajo el sol.
En la mesilla descansaba su viejo encendedor y también un paquete de tabaco del que asomaban media docena de cigarrillos. Se sintió bien al pensar que no había dejado de fumar hasta el último día de su vida. Un poco más allá, apartado, descansaba un sobre blanco con un nombre escrito en el reverso. En su interior descansaba una carta de despedida destinada a la única persona que le quedaba en el mundo, y que ya casi no iba a verle.

Estaba cansado, muy cansado. Sobre sus hombros llevaba la fatiga de una vida dura, con miles de kilómetros recorridos por todo el mundo y alguna que otra guerra. Pero sobre todo llevaba la carga de una mujer a la que no pudo cuidar, y que se apagó en sus brazos 15 años atrás, llevándose su alma y la de aquel pobre hombre.
Su último pensamiento fue para ella, pero no lloró pues ya no le quedaba ninguna lágrima que derramar. Miró hacía la ventana de la habitación y pesadamente se dio la vuelta en la cama hasta que la claridad que entraba por ella y todo el mundo exterior quedaron a su espalda.
- Ahora me vais a perdonar que me dé media vuelta, pero es que me voy a morir y ésto quiero hacerlo sólo.
Y murió, pero su corazón ya había dejado de latir muchos años atrás.
También es cierto que podríamos estar mejor,
pero ya ves, las buenas cosas mueren bajo el sol.
domingo, 27 de noviembre de 2011
Despeja tus dudas.
Puede que te vaya a ver, o puede que me atrinchere aquí.
Y allí estaba yo, en la boda más extraña en la que había estado en mi vida, donde no conocía a nadie excepto a ti, a la novia. Me pediste que viniera y, acostumbrado a hacer lo mejor para ti y lo peor para mi, acabe viniendo aquí. Menos mal que había buen whisky. Te observaba desde lo lejos, con el vaso en la mano, mientras tú te reías y disfrutabas; nunca te había visto más feliz, y aunque en alguna ocasión te dije “si tú eres feliz, yo soy feliz”, aquella vez no fue así.
El novio pasó cerca de mi y me vio. Le miré y descubrí una mirada a medio camino entre el odio y la frialdad, pero ya sabes que a mi nadie me gana en los juegos de miradas y bebí un trago mientras le miraba de la forma más indiferente del mundo. Le di la enhorabuena, pero no me contestó y se fue. Obviamente no le gustaba que yo estuviese allí, y realmente le entendía, pues yo también sería el hombre más celoso del mundo si estuvieras a mi lado. Y en vez de pensar que me habías invitado para hacerme daño, me sentí bien al pensar que a pesar de él, querías que yo estuviese allí porque aún me querías.
Fue pasando la tarde y tuve que dejar de beber, ya llevaba alguna copa de más y tenía que coger el coche en unas horas. Salí al jardín de aquel lugar, lleno de árboles viejos y altos que eran movidos por un viento constante y fuerte. Maldito viento, que frío hacía.
Y decidí que estaba perdiendo el tiempo y que tenía que irme. Y al volverme te descubrí a unos metros de mi, me habías seguido otra vez como hacías hace tiempo. No sé si fue el alcohol o aquel precioso vestido y la mujer más maravillosa del mundo que lo llevaba, pero no pude decir nada.
Y lo estuve intentando muchas veces y no he visto la forma de salir. Debe ser que después de tanto tiempo no quedan soluciones para mi.
Y allí estaba yo, en la boda más extraña en la que había estado en mi vida, donde no conocía a nadie excepto a ti, a la novia. Me pediste que viniera y, acostumbrado a hacer lo mejor para ti y lo peor para mi, acabe viniendo aquí. Menos mal que había buen whisky. Te observaba desde lo lejos, con el vaso en la mano, mientras tú te reías y disfrutabas; nunca te había visto más feliz, y aunque en alguna ocasión te dije “si tú eres feliz, yo soy feliz”, aquella vez no fue así.
El novio pasó cerca de mi y me vio. Le miré y descubrí una mirada a medio camino entre el odio y la frialdad, pero ya sabes que a mi nadie me gana en los juegos de miradas y bebí un trago mientras le miraba de la forma más indiferente del mundo. Le di la enhorabuena, pero no me contestó y se fue. Obviamente no le gustaba que yo estuviese allí, y realmente le entendía, pues yo también sería el hombre más celoso del mundo si estuvieras a mi lado. Y en vez de pensar que me habías invitado para hacerme daño, me sentí bien al pensar que a pesar de él, querías que yo estuviese allí porque aún me querías.
Fue pasando la tarde y tuve que dejar de beber, ya llevaba alguna copa de más y tenía que coger el coche en unas horas. Salí al jardín de aquel lugar, lleno de árboles viejos y altos que eran movidos por un viento constante y fuerte. Maldito viento, que frío hacía.
Y decidí que estaba perdiendo el tiempo y que tenía que irme. Y al volverme te descubrí a unos metros de mi, me habías seguido otra vez como hacías hace tiempo. No sé si fue el alcohol o aquel precioso vestido y la mujer más maravillosa del mundo que lo llevaba, pero no pude decir nada.
Y lo estuve intentando muchas veces y no he visto la forma de salir. Debe ser que después de tanto tiempo no quedan soluciones para mi.
martes, 15 de noviembre de 2011
Fino y gris.
Vuelvo a llenar mi vaso ancho de whisky y lo sostengo temblorosamente sobre la palma de mi mano mientras observo por la ventana, mirando hacia ningún sitio y pensando en nada. No me he quitado el traje ni las gafas de sol, y me parece que la casa está más gris que de costumbre; tendré que cambiar las cortinas, o tal vez debería tirar todos esos libros viejos. No, los libros no, por favor.
Este tono gris no se va con un cambio de decoración, es un color gris soledad. Y es que es realmente difícil que una casa esté más vacía, porque faltas tú. Ya se había acostumbrado a verte amanecer todos los días, con el pelo desaliñado, mientras te estirabas sobre la cama. Y deambulabas por los pasillos con una sábana enrollada alrededor de tu cuerpo, intentando preparar el desayuno. Al final siempre te tenía que ayudar y tú te enfadabas. Creo que yo también te echo de menos.
Debería empezar a aceptar que no estás, que no volverás y que nunca vas a estar aquí. Pero yo sigo escribiéndote como siempre, intentando hacerte comprender que no vas a estar mejor que aquí conmigo.
Seré muy breve: te quiero y esto duele.
Vuelve el frío si es que alguna vez se fue.
Este tono gris no se va con un cambio de decoración, es un color gris soledad. Y es que es realmente difícil que una casa esté más vacía, porque faltas tú. Ya se había acostumbrado a verte amanecer todos los días, con el pelo desaliñado, mientras te estirabas sobre la cama. Y deambulabas por los pasillos con una sábana enrollada alrededor de tu cuerpo, intentando preparar el desayuno. Al final siempre te tenía que ayudar y tú te enfadabas. Creo que yo también te echo de menos.
Debería empezar a aceptar que no estás, que no volverás y que nunca vas a estar aquí. Pero yo sigo escribiéndote como siempre, intentando hacerte comprender que no vas a estar mejor que aquí conmigo.
Seré muy breve: te quiero y esto duele.
Vuelve el frío si es que alguna vez se fue.
domingo, 6 de noviembre de 2011
Una breve.
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