jueves, 16 de septiembre de 2021

Un minutito.

No sé si puedo aguantar esto. No sé si puedo aguantar no poder verte. No sé si puedo no volver a tocarte. Deslizar mis dedos por tu cuello, seguir por tus mejillas y llegar a tus labios de la manera más suave del mundo. 

El día que me digas adiós será el día más triste del mundo y yo querré morirme. Sentiré esas naúseas y ese dolor en el estómago. Sentiré esa presión en el corazón y tendré que sentarme para que no me reviente la cabeza.

El día que me digas adiós querré morirme. Pero sé que el tiempo pasará y las cosas volverán a su lugar. Una cicatriz. El tiempo pasará y yo pensaré que cómo pude estar así. Que cómo pudo doler tanto y después olvidarlo. Pensaré que es tan triste que aquello tan intenso se pierda en el tiempo. 

El día a día lo pondrá todo en su sitio. Aprenderé a vivir otra vez. Volveré a disfrutar de las pequeñas cosas. Pero seguiré pensando en ti. Mi cabeza me dirá que me has olvidado pero mi corazón sabrá que te acuerdas de mí. Sabrá que, de vez en cuando y aunque solo sea un minutito y luego lo olvides, aún piensas en lo bonito que podría haber sido y en lo feliz que te hice. 


Y poder comprobar 

todo lo que cambió

y todo lo que sigue igual

y que así seguirá

condenado a no cambiar.


Volveré a las noches sin dormir

y las noches sin pensar

y las noches sin soñar

y las noches sin sentir

una vez más.


viernes, 20 de agosto de 2021

Tiempo muerto.

Esa sensación. La sensación de estar de paso en un lugar. Sentir que tu vida está en otro lado pero que tu día a día transcurre aquí. En una ciudad que no entiendes y rodeado de gente que no importa. He visto esto en tantas películas. Lo he escuchado en tantas canciones...

Algunas tardes todo es tan triste. Yo recuerdo los momentos que pasamos y me pregunto que por qué ya no. Necesito una guía, unas instrucciones o un tutorial de YouTube. Cualquier cosa que me ayude. Necesito saber cómo se sobrevive cuando has tocado el cielo. Cuando lo has besado y cuando has saboreado cada centímetro cuadrado.

Regreso a casa sabiendo que no estás. Sabiendo que nadie me estará esperando. Abro la puerta y todo está tan tranquilo. Tan solitario. Recuerdo amanecer junto a ti. Despertándote con unas caricias. Unos besos suaves. Y ahora la cama vacía y yo buscando tu olor en las sábanas.

Todo es igual. Igual de feo, de bonito, de malo, de bueno, de interesante, de aburrido, de alegre, de triste. Todo es igual. Pero lo es sin ti, por lo que nada es igual. 


Óyeme, escúchame,

si no estoy contigo nada me sabe bien.

Me seco las lágrimas con billetes de cien.

No tengo ningún sueño si no estás en él.

lunes, 5 de julio de 2021

Baile intenso.

Es un día un poco gris y he decidido salir a caminar por la ciudad. La mirada un poco perdida y la cabeza en otra parte. Me acerco al río y paso por los sitios que recorrimos. Veo cada banco que ocupamos y me detengo un poquito a contemplar cada vista que te gustó. Todo es bastante diferente ahora. Siento que todo ha cambiado, pero los puentes y las catedrales siguen en el mismo sitio. Los árboles permanecen inmóviles en su rincón y las aguas siguen bajando con constancia y determinación.

Recuerdo cada momento. Recuerdo aquella sala del centro de la ciudad llena de desconocidos. El recuerdo de tu piel resplandeciendo entre el negro de la ropa. Tu pelo dorado. Todos nos estaban mirando. Aquella música sonando. Te movías y yo no podía dejar de mirarte. Mis manos sobre tus caderas y tu cuerpo acercándose mucho. Yo sobreviviendo a tu baile intenso.

Te recuerdo el domingo en mi cama. Unas caricias por aquí y por allá. Alguna sonrisa. Tus mejillas más redondas que nunca. 

Recuerdo la alarma sonando aquel lunes. Despertarme desorientado, pensando si realmente aquello había pasado. Con la certeza de que algo había cambiado.


Y es un cúmulo de cosas 

pero una me hizo explotar,

fue cuando te vi bailar.

Como te mueves no es normal.





miércoles, 17 de febrero de 2021

Inventos.

Hoy se cumplen 5 años de aquel cumpleaños tuyo que pasamos juntos. Igual ya ni te acuerdas, pero yo pienso en ese día de manera recurrente. Tú me dijiste que si íbamos al cine y yo dije que no, que quería quedarme hablando contigo. Quería seguir mirándote, saber más de ti... En fin, ya lo he escrito alguna vez. Se pueden encontrar trozos de aquel día en varias entradas de este blog. Un día que ocupa un hueco importante en mi corazón y en mis recuerdos y sigue inspirándome. 

5 años es un número demasiado redondo como para quedarme callado, dejar pasar el día y silenciar mis pensamientos. Pero ahora me lo tengo que inventar todo desde que no sé nada de ti. Me tengo que inventar que las cosas te van bien y que sigues adelante. Que duermes plácidamente, calentita bajo las mantas. Me invento que sonríes ligeramente y sin darte cuenta cuando los primeros y suaves rayos del sol te acarician cada mañana. Que tu pelo sigue igual de rojo. Me concedo el privilegio de inventar que me recuerdas con cariño y que de vez en cuando aún piensas en los momentos que compartimos. Así que me podéis llamar Jimmy Neutrón, el niño inventor. 



Y lanzan flores para la cantante,
tu nombre en letras de neón.
Mira cómo sonríe en el escenario,
qué dulce voz.
Qué divina está.





jueves, 31 de diciembre de 2020

Corolario.

A veces imagino que estoy conduciendo por una carretera de montaña en medio de la noche. Que el termómetro marca cerca de los 0° y que la fina carrocería es lo único que me separa del mundo hostil. Si fallase alguna de las miles de piezas que componen el coche tal vez esa burbuja se rompería y mi cuerpo quedaría a merced del frío y de la nada. Me pregunto qué pasaría si un exceso de confianza en alguna curva me hiciese acabar en una cuneta o en un barranco. Si el cansancio, el alcohol o alguna droga me la jugasen al volante. Sé que soy muy hábil conduciendo y no le temo a nada, pero podría suceder que un conductor en sentido contrario invadiese mi carril y lo último que viera fueran unas luces aproximándose a toda velocidad. Y yo incapaz de esquivarlas a pesar de mi pericia.

Qué imágenes atravesarían mi cabeza durante esas últimas décimas de segundo. Quién me lloraría al enterarse de que ya no estoy. Quién me olvidaría unos minutos después. Qué recordarían de mí las personas que me aprecian. ¿Sería una canción, mi sentido del humor o las palabras que alguna vez os dije porque os quería mucho? Cuánto tardaría el paso del tiempo en hacer que quien me recuerde intensamente se acostumbre a mi ausencia. Quién seguiría entrando aquí a leerme cuando le asalte la nostalgia de cuando yo existía. Creo que he dejado un completo legado, en caso de un súbito deceso, para quien quiera conocer mi manera de pensar. Y para quien quiera recordarla.

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A veces me sorprende mi fortaleza mental. Mi capacidad para vivir en el subsuelo y despertarme otro día más como si tal cosa. Encenderme un cigarro, hacer café y seguir nadando entre la mierda. A veces pienso que la música es mi único salvavidas. Escuchar una canción y saber que alguien más estuvo donde yo estoy. Esta vez está bien saber que no soy nada original. Me hace sentir un poco menos solo y me hace pensar que vivimos en una sociedad. Si tuviera que quedarme con algo de este año sería con las cosas buenas que le han pasado a gente que me importa, porque a mí no me ha pasado nada bueno. Así que aquí seguiré escribiendo hasta que me muera de asco. 




I've been the king, I've been the clown.
Now broken wings can't hold me down. 

I say goodbye to romance.
Goodbye to friends.
Goodbye to all the past.
  

domingo, 22 de noviembre de 2020

Un millón de veces.

Las calles están llenas porque las 23:50 son las nuevas 8:50. Y ahora te bebes en una hora lo que antes te bebías en tres. Y llegas a casa sin saber cómo has llegado. Y te tumbas en la cama muerto. Y no puedo no pensar en ti. ¿También apurarás el toque de queda o te habrás quedado en casa? Sin pasar frío y fresca como una rosa. Distraída con algo. Sin prestarle atención a nada que se encuentre más allá de esas cuatro paredes y sin necesidad de ello. 

Como lees yo he salido y estoy bien. Pensando mucho. Y aguantando, como Fidel en Sierra Maestra. Como Ho Chi Minh cavando túneles por toda Indochina. Mi pequeña revolución será resistir. Evitar el colapso. Pensar que aunque no estás seguiré tumbándome derrotado y solo en el sofá o en la cama y encontraré ese libro, disco o película que me rescate el día. Pensar que aún me quedan cafés salvadores a la luz del sol que calienta la mañana y cigarros de desconexión antes de seguir levantando el país. Cervezas que te reconcilian con el mundo y cruces de miradas con esa chica de la otra mesa. 

A mí me gustaría no pensar tanto en ti. Bueno, no es lo que me gustaría, pero es lo que mejor me vendría. Poder recordarte como algo bueno que pasó cuando las cosas vayan bien. Y como una cicatriz de una herida que dolió, cuando vayan mal. Y en todo caso saber que estás bien y que sigues con tus sueños intactos mientras es domingo y yo vuelvo a escribir unas tristes líneas con la sensación de haberlas escrito un millón de veces ya.



Estoy acostumbrado 
a vivir al este del Edén.

lunes, 9 de noviembre de 2020

Secuela.

Yo lo intento. Pongo distancia. Trato de desandar el camino como hiciste tú hace tiempo. Son muchos los kilómetros y cada valle y cada pendiente me recuerda a las curvas de tu piel. Sé que debería olvidarte pero me da miedo el vacío que quedaría. ¿De verdad es necesario olvidar lo más fuerte que he sentido? Lo más intenso. Trato de seguir adelante intentando que tu recuerdo quede bien guardado en un pequeño y aislado compartimento en mi memoria. Y así los domingos por la tarde acceder a él y recordar que yo también fui una vez un ser humano que quería tanto a alguien como para doler así. Bien guardado como referencia para engañarme pensando que alguna vez conoceré a alguien como tú. Con una mente para perderse. Con una personalidad discreta que se vuelve arrolladora sin que me de cuenta. De esas que construyen kilómetros y kilómetros de galerías subterráneas en el corazón antes de que sea la hora de llevarte a casa y despedirnos. Si hubiera sabido que aquella vez iba a ser la última que estaríamos así... Da igual. No hubiera cambiado nada. 

Yo intento aguantar pero entonces llega una noche como anoche y vuelvo a soñar contigo. Yo no entiendo por qué me hace esto mi cabeza. En el sueño todo es tan bonito. Tú sonríes a mi lado mientras paseamos agarrados. Yo no dejo de mirarte y no importa que estemos en el sitio más bonito del mundo. Pero suena el despertador y se acaba todo. Yo me quedo aturdido y empiezo a recordar el sueño como si tratase de recoger los pedacitos de esos momentos. Tu pelo, tus ojos, tu sonrisa. Me siento pobre y desvalido. Con solo esos pedacitos hasta el día en que me muera. Y nada más.



Estoy tan cansado de ser como soy.
Todo lo que dije lo dijo alguien ya.

Si elijo una boca, la boca del lobo es para mí.
Si llego a la meta marcaré en mi puerta, ¡claro que sí!
Si mato una cosa será mariposa, soy así.