sábado, 28 de diciembre de 2019

Tristemente

Otra vez este ascensor que no llega nunca. Y esta luz que me está matando. Parece que todo me molesta y solo quiero cruzar por la puerta de casa y caerme muerto en la cama. Tristemente me lo he ganado y será lo único que pueda hacer a estas alturas si logro desconectar la cabeza. La puerta se abre y en décimas de segundo estoy abriendo y entrando a casa.

A ver con qué cara te digo yo ahora que no lo he podido evitar y que lo he vuelto a hacer. Que la he vuelto a liar y que todavía siento la cocaína dando vueltas por mi cabeza, difuminando mi percepción y mis pensamientos ya de manera más tenue. Cómo te digo que lo cambiaría todo por despertar contigo durmiendo abrazada a mí. Y verte sonreir en sueños mientras el sol va saliendo poco a poco y las cosas de la habitación comienzan a hacerse otra vez visibles. Observar tu pelo y tu piel, escuchar tu respiración durante horas y pensar en la suerte de poder tenerte aquí.

Cómo sobrevivir al hecho de llegar a casa a las 7 de la mañana arrastrándome y ser plenamente consciente de que no estás. Con dudas razonables sobre si volveré a verte, y más si alguna vez te enteras de esto. Con la certeza de saber que no merezco que compartas nada de tu vida conmigo. Que no te mereces leer las tonterías de un yonki. Llegar a las 7 de la mañana y asumir que es mejor así para todos.


Y yo escogí la enfermedad
y escogí el frío.
Pero no equivocaré
no equivocaré el camino.

sábado, 2 de noviembre de 2019

Definitivamente.

Te deslizas por la entrada sin que aún me haya dado tiempo a guardar las llaves, como una niña que conoce su nuevo hogar tras una mudanza. Yo entro después y tú ya has atravesado el recibidor y estás recorriendo el imponente salón asomándote a cada uno de los ventanales. Dejo las maletas y cuando vuelvo a mirar ya has desaparecido por el pasillo. En mis piernas se hacen palpables los kilómetros conduciendo y una sensación de pesadez en la cabeza me pide a gritos cerrar un poco los ojos. Asomándome a la ventana veo a lo lejos la ciudad descendiendo hasta el mar y yo intento imaginar cómo sería la vista antes de que los grandes edificios sustituyeran a las antiguas y humildes viviendas. "Sí que es grande la casa", pienso cuando unos segundos después de esa abstracción recuerdo que te tengo aquí y que no has vuelto, y entonces me olvido de todo lo demás. Estamos solos. Unos segundos después apareces y dices que te vas a probar esa ducha ultra moderna que dices que has descubierto. Cuando te vas y al avanzar un poco por la casa descubro una estufa de leña que alguien se ha encargado de preparar y un señorial butacón al lado. También una enorme y mullida cama y al tumbarme un poco acabo dormido de manera casi fulminante.

Cuando despierto tú estás tumbada a mi lado y me miras. Llevas un batín rojo un poco desabrochado que me deja contemplar tu hombro derecho y tu clávicula marcándose sobre la piel. Al volverte a mirar a los ojos siento que no los has apartado de mí mientras te miraba y yo noto que me pongo un poco rojo. —Vaya siesta te has pegado—, me dices. —Tú también puedes dormirte si quieres—, contesto mientras una décima de segundo después pienso que soy tonto, porque no quiero que te vayas a dormir, aunque lo entendería si lo hicieras. Y si lo hicieras yo haría lo propio después de un último cigarrillo mirando hacia dios sabe donde asomado a uno de los ventanales y pensando en ti.

Pero no te vas a dormir, y me besas. Siento tus labios sabiendo que no voy a olvidar nunca su textura y mientras tanto tu mano derecha se posa en mi pecho. Creo que eres capaz de sentir la subida de pulsaciones que acabo de experimentar y a mi me gusta pensar que tienes mi corazón en tus manos. Nos volvemos a mirar y me incorporo un poquito hacia ti y te cojo suavemente del costado casi sin notar el batín. Solamente puedo notar tus caderas y tu culo cuando decido bajar un poco más y agarrarte de manera un poco más firme. Yo no sé si te imaginas lo que siento al ver que te muerdes el labio inferior pero entiende que nunca había sentido algo tan intenso y que no soy consciente ya. Es díficil creer que pueda acariciar así tu piel y ver tus ojos tan de cerca. A esta distancia es imposible no perderse en ellos. Es difícil de creer y yo comienzo a sospechar pero si esto es un sueño al menos que sea intenso y bonito. Que me quiten lo bailado. Ya más envalentonado y sin nada que perder decido probar a bajar a besarte en el cuello y volver a bajar a besarte en la clavícula y así sucesivamente hasta que el mundo parece detenerse y definitivamente esto debe ser solo un sueño.



Lo intenté por tercera vez
me enfundé en mi traje beige,
miré hacia el suelo y me santigüé,
te encontré entre los escombros.

Y tú con tu voz,
esa voz
y tu pálida piel.


viernes, 11 de octubre de 2019

Tu nombre en el andén.

Me muero por dentro cuando vengo a contarte una maldad y tú me recibes de la manera más dulce e inocente. Ya sé que no te gusta que te vea así, solo es que a veces lo haces sin proponértelo pienso, aunque no me sorprendería lo contrario. Yo ya no sé qué pensar y cada vez soy más idiota. En ese momento me muero, me dejas a cuadros y se me pasan las ganas de contártelo. Siento que tendrás mil cosas mejores que hacer que aguantarme. Normalmente superamos el bache y podemos tener una conversación normal y entre todo al final me digo a mi mismo que puedo intentar estar un poco mejor y ser mejor persona.

Durante toda esta escena no puedo estar más nervioso. Como la primera vez que te vi, o como todas las veces que siguieron. Como antes de llamarte por teléfono o incluso de enviarte un mensaje y estar pensando qué me responderás. Como los días, las horas o los minutos —en función de lo liado que haya ido— antes de verte. Como cuando antes de que llegues me fumo el último piti sabiendo que no tardarás en aparecer.

Quizá no sean nervios y sea otra cosa y otra sensación parecida. A veces pienso que mi inconsciente es más consciente que yo mismo de lo que significa para mí compartir al menos un trocito de mi vida contigo. Uno a veces se pone a pensar en las casualidades de la vida y se siente pequeño al imaginar que cualquier mínimo cambio podría haber mantenido alejadas nuestras vidas. Asusta pensar que conocer a una persona tan especial dependa de tantos factores que no puedes controlar. Y aunque quizá las cosas pudieran ser diferentes, pensar que existes hace de este mundo un sitio más agradable.


Olvidar quince mil encantos
es mucha sensatez.
Y no sé si seré sensato
lo que sé es que me cuesta un rato
hacer cosas sin querer.

martes, 8 de octubre de 2019

Sitios distintos.

Ponte en situación. Me dices que si quiero entrar al cine. Me encanta el cine como pocas cosas más. Pero, como si lo tuviera escrito a fuego, pienso en que solo me quedan unas pocas horas contigo y te digo que antes me muero que no poder mirarte ni escucharte durante esas pocas horas que nos quedan. O que me quedan, me da igual. Pero al menos yo lo siento tan intenso que quiero aprovechar ese tiempo para que me cuentes un poco más de ti, para saber lo que pasa por tu cabeza, para verte sonreir, para perderme otra vez en tus ojos... Me muero si tengo que pasar esas dos horas largas que nos quedan mirando una pantalla mientras tú estás a mi lado y yo no puedo verte. Imagínate que después de despedirnos vuelvo a casa y por el camino me salgo de la carretera u otro vehículo invade mi carril y no apareces en mi mente durante esos segundos antes del choque. Sería el peor final posible, morir habiendo visto una película en vez de a ti.

Olvídate del cine y déjame volver a recorrer lo que alcanzo a ver de tu piel. Déjame que intente memorizar las curvas de tu cuerpo para que me pueda morir recordándolas. Permíteme disfrutar de esas ocasiones en las que apartas la mirada mientras sonríes con un poquito de verguenza o cuando miras distraída hacia cualquier lugar. Del simple brillo de tu pelo a la luz del atardecer. Para mí sería mejor que cualquier película, aunque sea de John Huston, aunque salga Hedy Lamarr. Déjame hacerlo antes de volver a casa y pensar que quizá querías ir al cine para evitar esto y perderme de vista ya. Déjame hacerlo porque quizá sea la última vez que estemos así o por si acaso nunca quieras verme más.


Pero desde el momento en que te pude tener
ya solía sentir que te había perdido.
Entiende que yo a este lugar
no pretendía llegar.

viernes, 2 de agosto de 2019

Desilusión.


Mi amigo y yo volvemos a la mesa y parece que el sitio se ha vaciado un poco. De fondo suena un rock bastante oscuro, algo cortante y sucio, a juego con el ambiente que se respira por aquí. Pero algo empieza a ir mal. Estoy un poco mareado y de reojo creo ver caras que me observan. Yo miro al suelo mientras pienso cómo esta gente puede saber que hace un minuto aquello subía como un fogonazo por mi cabeza, me bajaba por la garganta y se expandía por mi corazón y por mis pulmones. Si es que no puede ser que nos hayan visto y juraría que me he limpiado y que antes de salir mi cara no parecía mucho más destrozada que de costumbre. Al final llego a la mesa sin saber muy bien cómo y le doy un trago a la copa y creo que me recupero un poco. Miro a mi alrededor y la gente parece ajena a todo y me tranquilizo. Hay un grupo de jóvenes que siguen bebiendo y que se rien de forma estúpida, una pareja enrollándose y un viejo en la barra mirando hacia las bebidas encogido de hombros, entre otros. Miro a los chavales de manera condescendiente y pienso que no nos llegan ni a la suela de los zapatos con sus ron cola o lo que sea que beben.

Ha pasado algún minuto y la conversación me centra un poco. Una amiga comenta no sé qué de no sé quién y mi amigo le contesta jocosamente haciendo que nos ríamos todos. Ya siento esa sensación como metálica en la garganta que me encanta y eso me asusta un poco. Esa sensación de adormecimiento en la la lengua y en el paladar como una anestesia. A pesar de que voy bastante perjudicado soy consciente de que no me sería difícil acostumbrarme a esto, que quizá ya lo haya hecho y que esto puede acabar bastante mal. Igual que cuando decía que jamás fumaría porque si me quedase sin tabaco me daría pereza bajar a por más. Qué ilusos somos. 

Un rato más tarde decidimos pedir una más, "la última y nos vamos", dice alguien por ahí. Ya veremos. Si me fuese ahora a casa no podría dormirme, tendría la cabeza tan acelerada que daría vueltas en la cama hasta las 9 de la mañana pensando en todo. Esta vez decido pasar al whisky con hielo, que siempre sienta bien y que si es bueno no deja resaca, como siempre digo y a veces creo. Nos salimos a fumar un poco y en la calle hay movimiento a pesar de las horas que son. Pasan grupos de jóvenes ocupando todo el ancho, pasa algún vendedor callejero y pasa la policía y nos mira y los miramos.

Mi cerebro está a tope, como si pudiese sentir aquello adherido ahí, y me fijo en todo lo que pasa a mi alrededor. Y en un instante entre un grupo de chicas asoma el brillo de unos cabellos como los tuyos y una piel como la tuya y yo me quedo blanco. Son dos segundos de infarto que con lo que llevo dentro parecen dos horas. Dos segundos hasta que la chica me mira y veo que no se parece tanto a ti como pensaba. Ellas siguen su camino y me giro hacia donde sigue la conversación y me dicen que si estoy bien. Yo digo que sí y alguien dice si nos hacemos otra. Entramos, vamos al baño y cuando vuelvo a ser consciente son las 9 de la mañana y estoy en mi piso. No he dormido y el sol ya se empieza a colar entre los edificios y sus rayos impactan contra los muebles y las paredes del salón. Yo me tomo un momentito para pensar en ti y en todas las cosas malas que hago y me asomo al balcón y allí la gente empieza a caminar por la calle hablando alegremente entre ellos. Yo solo me pregunto que cuándo dejará de hacer efecto esto y cómo coño voy a enfrentarme a este nuevo día.



Traté de asomarme a un abismo
y, hermano, el abismo estaba ahí.
Óyeme, este camino
ha de tocar a su fin.
Creí ver molinos en el horizonte
y allí me di de bruces con gigantes.
Y nada fue tan real. 

jueves, 25 de julio de 2019

Punto de no retorno.

Es lunes y estoy demasiado borracho, otra vez. A pesar de que esta mañana pensaba en morirme al madrugar para ir a currar y juraba que por la noche me iría pronto a la cama y dormiría 8 horas. Pero he bebido demasiado y he tomado otras cosas que no me convendría confesarte. En mi defensa diré que me he recogido pronto, ya estoy en casa, y ahora he salido a fumarme el último o el penúltimo a la terraza. He mirado hacia algún lugar en la oscuridad, orientándome hacia donde a cientos de kilómetros está tu ciudad, y me he preguntado si al menos piensas alguna vez en mí, porque ya sé que no piensas en mí como yo pienso en ti. Porque si fuese así no me habría metido todo lo que me he metido. 

Quizá lo peor de mí sea que me cuesta la vida hacer cosas buenas por mí, como dejarlo, y que solo podría hacer esas cosas por la gente que me quiere, si esa gente existiera. Por eso últimamente mi vida se basa en estar plenamente consciente el menor tiempo posible. Y por eso casi es mejor que no sepas nada de mí y que no estés aquí. Me daría verguenza que vieras todo esto, y que lo leyeras también. Pero quizá si tú estuvieras aquí todo estaría bien. Iríamos a buscar fósiles, al cine y bajaríamos los domingos a la playa. Ya puedes imaginarte el caos que hay dentro de mi cráneo. 

Seguramente mañana volveré a salir otra vez y llegará el momento en el que tenga que elegir entre decir que sí o que hoy no. Volveré a pensar en ti y en lo triste que es hacer aquello que te dije que no iba a hacer jamás. Me imaginaré que estás aquí y que me envuelves en tu indiferencia, como si yo no te importara nada, para después desaparecer. Pero una fracción de segundo después miraré a mi alrededor y veré que no estás y me convenceré de que qué más da si estarás felizmente dormida bien lejos y nunca te enterarás.

Quizá esto sea una confesión y —como quizá sea el texto más verídico que he vertido aquí— ahora el lector con unas mínimas nociones de psicología sepa más de mí que yo mismo.



Paso las noches esperando el día,
pensando que aquel fuckin’ día se repetiría.
No puedo dormirme porque no has aparecido,
me hago una raya y un porro y le pido a Cupido.