jueves, 8 de mayo de 2025

Fin del mundo.

Hace una semana era lunes y tocó otro fin del mundo más. No fue el fin del mundo de todos los lunes cuando suena el despertador a las 7 de la mañana. Fue diferente, pero fue uno más de todos los fin del mundo que hemos sufrido últimamente. 

Hace una semana, el fin del mundo me tocó pasarlo a tu lado. Un poco incrédulos al principio. Resignados al final. Se nos ocurrió que era un buen día para recorrer la ciudad. Horas y horas. Un parque tras otro. Reponiendo fuerzas con unos helados italianos, los que más te gustan, según dices. Quizá los últimos.

—Merecen que les ayudemos —dijiste.

—Por todo lo que han hecho por nosotros —añadí.

Pensé que esta ciudad no está mal cuando paseo por ella contigo. Cuando encontramos un banquito alejado del tráfico, en un sitio en el que el verde de los árboles le gana la partida al negro del asfalto. A pesar de que yo vaya de negro de los pies a la cabeza. Y tú con esos vaqueros ajustados y esa blusa blanca. Tu pelo deslizándose suavemente por el viento y rozando tu cuello y tus clavículas. Tus labios apurando la última cucharadita del helado. Los míos apretados mientras te miro y pienso en acercarme un poquito a ti y probarlos mientras siguen fríos y dulces.

Y alrededor sigue siendo el fin del mundo, aunque se me haya olvidado un poco. Yo pienso que este fin del mundo es mejor que los anteriores, y que el fin del mundo no está tan mal si estás aquí conmigo.


Puede ser triste como el abedul
Puede ser grave como el ciprés
Puede ser como el abeto gris en un mes de frío en Canadá
Puede ser un chopo acogedor cuando está cerca de mí
Puede ser como un olmo melancólico
Puede ser más brillante que el laurel
Puede ser un haya otoñal al cambiar tan fácil de color
Como una palmera puede ser, tan alegre bajo el sol.


domingo, 20 de octubre de 2024

Vestido verde.

Sabía que el restaurante te iba a encantar. Es un sitio pequeñito en la zona más bulliciosa de la ciudad. Lo suficientemente tranquilo como para ponernos al día y que no importase mucho más que lo que pasase en nuestra mesa. La cosa se puso seria cuando apareciste con aquel vestido verde. Tragué saliva y me felicité a mí mismo por haber elegido bien aquella camisa azul y mi mejor par de zapatos. Lo mínimo indispensable para aguantar en el campo de batalla. 

Ahora vuelvo a casa y me van viniendo a la cabeza las líneas que ahora lees. El trayecto se demora porque me entretengo en cada esquina y en cada cruce que hay desde tu casa a la mía. Los voy saboreando como si no quisiese que acabase esa sucesión de farolas y de coches aparcados, uno detrás de otro. Y me entretengo especialmente pensando en tu portal. Pensando en ti, sobre uno de los escalones, mientras yo te miro a escasa distancia y un poquito por debajo de tus ojos. Pensando en tus labios, en tu sonrisa y en tu piel blanca. En tu cuerpo bajo ese vestido verde que no se me olvidará en lo que me queda de vida. 


All the umbrellas in London couldn't stop this rain, 
and all the dope in New York couldn't kill this pain.


viernes, 11 de octubre de 2024

Cualquier ciudad.

Hola. Hoy es (era) mi cumpleaños. Las cosas no son tan buenas como dicen los periódicos. De hecho son un poco regulares, sinceramente. Pero hoy es (era) mi cumpleaños. El viento ha firmado una tregua con esta ciudad y me he permitido salir por ahí con mis amigos. He bailado un poco con una chica de pelo negro y rizado. Le he contado que no sé muy bien cómo he acabado en esta ciudad tan hostil. Se ha enfadado un poco y me ha dicho tres o cuatro verdades cosas sobre lo buena que es esta ciudad. Y todo eso. Pero eran las nosecuantas de la mañana y en unas pocas horas trabajaba y todo ese rollo que ya te puedes imaginar. Así que no había otra salida que coger el bus a casa. 

Entre que escribo esto y entre que esto se publica ya no es mi cumpleaños. Pero, por esas cosas que tiene el destino, cuando publico esto, ya es tu cumpleaños. Ha llegado el día y yo he publicado esto justo a tiempo para celebrar que ya es tu cumpleaños y para decirte que te quiero. Para decírtelo aquí camuflado en unas líneas a mitad de párrafo. Entre que era mi cumpleaños y entre que es tu cumpleaños, a mí me ha dado tiempo a cruzarme medio país con el coche. Una buena dosis de kilómetros para pensar en las cosas. Entre esas cosas pienso en que daría igual el viento de esta ciudad, y que daría igual cualquier ciudad, si estuvieras tú. En que qué pasaría si pego un volantazo y cojo ese desvío y cambio de destino. Celebrar tu cumpleaños con un paseo siguiendo la orilla del río con la catedral en el horizonte, en vez de con una entrada en este blog. Podría ser cualquier río y cualquier catedral de cualquier ciudad. Una cena en algún restaurante pequeñito y una copa en algún sitio con poca luz. Pero la suficiente para que me deslumbre algún reflejo de tu pelo y para volver a pensar que, a pesar de todo el tiempo, no he visto unos ojos como esos.


Siete vidas tiene un gato 
y contigo llevo tres.


lunes, 30 de septiembre de 2024

Recortes.

No sé por donde empezar. Se me vienen a la cabeza recortes del fin de semana. Recortes que se mezclan con la cruda vuelta a la realidad. Aquella gasolinera en medio de la nada. Aquella dependienta a la que digo no sé qué cosa mientras mi cabeza sigue unos cientos de kilómetros más atrás. Tu cabeza sobre mi pecho y una leve sonrisa en tu cara. Tus ojos cerrados. La sensación de que vuelves a encontrar un poquito de paz a mi lado. El despertador sonando esta mañana a las 6:45. El sonido del café subiendo en el último momento de paz antes de ir a trabajar. Tú y yo solos en el jardín bajo todas las estrellas que existen mientras nos morimos de frío. Algunas palabras que tenían que decirse, que nunca quise escuchar y que se me clavan en lo más profundo de mí que puedo encontrar. 

Y va pasando la semana mientras en mi cabeza se van diluyendo poco a poco los recuerdos del fin de semana. Se entierran bajo los cascotes del día a día. Se mezclan las responsabilidades con las ganas de volver a verte. Se mezclan las ganas de volver a formar parte de tu vida con el miedo a volver a pasar por lo que pasé. ¿Te he olvidado? A veces me lo preguntaban. Yo lo tenía bastante claro. Yo, en mi día a día, te he olvidado al cien por cien. Te he olvidado al cien por cien pero ahora, cuando me preguntan, dudo.


Got that summertime
summertime sadness.
Te fuiste,
pero aquí guardo lo tuyo.


viernes, 29 de diciembre de 2023

Variables.

Son las nosecuantas de la mañana. He estado con mis amigos, a los cuales hacía tiempo que no veía, y lo hemos pasado genial. En fin. No sé qué decirte. Antes de subir a casa recuerdo que tengo que ir al coche un momento. El camino es corto pero a estas horas se hace un poco tortuoso. Todo está envuelto en una densa niebla marina que se mete hasta en lo más profundo del alma. Durante todo el recorrido no puedo dejar de pensar en ti. Hace un frío humedo terrible, pero yo me derrito. Me derrito cuando pienso en lo calentita que estarás bajo todas esas mantas. Daría mi vida, haría un pacto con el diablo, solo por pasar una noche contigo debajo de esas mantas. Despertar al amanecer y acercarme un poquito a ti. Sentir que nada más importa fuera de esas mantas. Que se acabe el mundo. Oler tu pelo a escasos milímetros, que me acaricie suavemente la cara cada vez que respiras. Oler los restos del perfume que llevabas anoche y del champú que te gusta y que dices que te sienta tan bien y que me transportan a cualquier isla griega del Egeo, de donde podrías haberte escapado tú también. Que te despiertes y que todo se esfume porque tengo que cumplir mi pacto con el diablo y pasarme el resto de la eternidad picando piedra en el infierno. Picar piedra durante toda la eternidad con una sonrisa en la cara porque mereció la pena pasar esa noche contigo.

Puedo pasarme mucho tiempo. Me puedo pasar horas, días, semanas. El tiempo que, a través de mil cálculos e integrando en mil ecuaciones todas las variables, estimo justo y necesario para decirte las palabras adecuadas, medidas hasta el último milímetro, para sacarte una sonrisa. Para que más tarde te acuerdes de mí y vuelvas a sonreir un poquito. Te digo todas esas palabras con la cabeza mientras me callo todas esas que te diría con el corazón. Me gustaría que no me diese miedo y que no estuviera en juego perderte.


I will stay if you let me stay, 

and I’ll go if you let me go, 

but  I won’t go far away

because you’re my only home.


jueves, 2 de junio de 2022

Imposibles.

Son las ocho de la tarde y he ido superando satisfactoriamente todas las pruebas que me ha planteado el domingo. Como Indiana Jones en el templo maldito. He superado ese dolor de cabeza al despertarme a las dos, recurriendo a la química. He superado el deber de poner un poco de orden en casa y tratar de empezar la semana con buen pie y sin arrastrar deudas de la semana que acaba.

Pero son las ocho de la tarde, el sol comienza a flaquear y la casa se encuentra sumida en el silencio más frío. Me he puesto a pensar y me ha venido a la mente el recuerdo de tú y yo fumando en aquella calle. Fumando y hablando de mil cosas, sin ganas de entrar. Me ha venido el recuerdo de tu pelo y de tu piel. De tu falda y tus piernas de vértigo. He recordado tu sonrisa y me he resbalado otra vez por tus mejillas y tus labios. 

Nos mirábamos y tú me dijiste algo que podría haber firmado yo. Me dijiste, de la manera más dulce, que también estaba bien así, que los imposibles también son bonitos. Yo asentí. "Tienes razón", te dije. "Pero ojalá fuera posible", pensé.

Sigue siendo domingo y recuerdo aquella última mirada, ya de día, nuestra última mirada.


Dime qué tengo que hacer,
adónde le tengo que caer,
para pasar tres días y dos noches...

sábado, 9 de octubre de 2021

Recordar.

Algunos te ven todos los días. Otros todas las semanas. Y luego estoy yo que te veo cuando puedo. Y cuando no puedo pasa tan lento el tiempo. Pasan tan lentos los días y tan lentas las semanas. Y yo me dedico a recordar. Es todo lo que tengo. Me podría ganar la vida recordándote y te compraría un jet privado o un Ferrari rosa si me diesen un euro cada vez que apareces por mi cabeza. Recuerdo todos esos momentos a los que desearía volver.  

Recuerdo aquella vez cuando nos separamos de los otros. Cuando nos adentramos en la oscuridad de aquella playa. Sentados en la arena nos mirábamos y yo no sabía qué iba a pasar. Tú con decisión y yo a tu merced. Nos besamos por primera vez. Treinta segundos antes ni siquiera contemplaba que aquello pudiese pasar. Pero te volví a besar para saber si era de verdad. Tus labios dulces. Te tumbaste encima de mí y sentí tu cuerpo como nunca lo había sentido. Deslicé mis manos por tu espalda con tu pelo cayendo sobre mi cara, suave como una brisa de aire fresco. Me guiaste por tus curvas con tu respiración. 

Una vez me preguntaste si podría olvidar y volver a ser solo amigos. "Yo siempre seré tu amigo", dije. "Pero no podré olvidar", pensé. 


I wanna cry, lil' beibi

I wanna cry

quiero llorar, lil' beibi.

Estoy obseso, lil' beibi

lo tengo todo, lil' beibi

menos tu culo

es lo que me falta, lil' beibi

es lo que me falta.


jueves, 16 de septiembre de 2021

Un minutito.

No sé si puedo aguantar esto. No sé si puedo aguantar no poder verte. No sé si puedo no volver a tocarte. Deslizar mis dedos por tu cuello, seguir por tus mejillas y llegar a tus labios de la manera más suave del mundo. 

El día que me digas adiós será el día más triste del mundo y yo querré morirme. Sentiré esas naúseas y ese dolor en el estómago. Sentiré esa presión en el corazón y tendré que sentarme para que no me reviente la cabeza.

El día que me digas adiós querré morirme. Pero sé que el tiempo pasará y las cosas volverán a su lugar. Una cicatriz. El tiempo pasará y yo pensaré que cómo pude estar así. Que cómo pudo doler tanto y después olvidarlo. Pensaré que es tan triste que aquello tan intenso se pierda en el tiempo. 

El día a día lo pondrá todo en su sitio. Aprenderé a vivir otra vez. Volveré a disfrutar de las pequeñas cosas. Pero seguiré pensando en ti. Mi cabeza me dirá que me has olvidado pero mi corazón sabrá que te acuerdas de mí. Sabrá que, de vez en cuando y aunque solo sea un minutito y luego lo olvides, aún piensas en lo bonito que podría haber sido y en lo feliz que te hice. 


Y poder comprobar 

todo lo que cambió

y todo lo que sigue igual

y que así seguirá

condenado a no cambiar.


Volveré a las noches sin dormir

y las noches sin pensar

y las noches sin soñar

y las noches sin sentir

una vez más.


viernes, 20 de agosto de 2021

Tiempo muerto.

Esa sensación. La sensación de estar de paso en un lugar. Sentir que tu vida está en otro lado pero que tu día a día transcurre aquí. En una ciudad que no entiendes y rodeado de gente que no importa. He visto esto en tantas películas. Lo he escuchado en tantas canciones...

Algunas tardes todo es tan triste. Yo recuerdo los momentos que pasamos y me pregunto que por qué ya no. Necesito una guía, unas instrucciones o un tutorial de YouTube. Cualquier cosa que me ayude. Necesito saber cómo se sobrevive cuando has tocado el cielo. Cuando lo has besado y cuando has saboreado cada centímetro cuadrado.

Regreso a casa sabiendo que no estás. Sabiendo que nadie me estará esperando. Abro la puerta y todo está tan tranquilo. Tan solitario. Recuerdo amanecer junto a ti. Despertándote con unas caricias. Unos besos suaves. Y ahora la cama vacía y yo buscando tu olor en las sábanas.

Todo es igual. Igual de feo, de bonito, de malo, de bueno, de interesante, de aburrido, de alegre, de triste. Todo es igual. Pero lo es sin ti, por lo que nada es igual. 


Óyeme, escúchame,

si no estoy contigo nada me sabe bien.

Me seco las lágrimas con billetes de cien.

No tengo ningún sueño si no estás en él.

lunes, 5 de julio de 2021

Baile intenso.

Es un día un poco gris y he decidido salir a caminar por la ciudad. La mirada un poco perdida y la cabeza en otra parte. Me acerco al río y paso por los sitios que recorrimos. Veo cada banco que ocupamos y me detengo un poquito a contemplar cada vista que te gustó. Todo es bastante diferente ahora. Siento que todo ha cambiado, pero los puentes y las catedrales siguen en el mismo sitio. Los árboles permanecen inmóviles en su rincón y las aguas siguen bajando con constancia y determinación.

Recuerdo cada momento. Recuerdo aquella sala del centro de la ciudad llena de desconocidos. El recuerdo de tu piel resplandeciendo entre el negro de la ropa. Tu pelo dorado. Todos nos estaban mirando. Aquella música sonando. Te movías y yo no podía dejar de mirarte. Mis manos sobre tus caderas y tu cuerpo acercándose mucho. Yo sobreviviendo a tu baile intenso.

Te recuerdo el domingo en mi cama. Unas caricias por aquí y por allá. Alguna sonrisa. Tus mejillas más redondas que nunca. 

Recuerdo la alarma sonando aquel lunes. Despertarme desorientado, pensando si realmente aquello había pasado. Con la certeza de que algo había cambiado.


Y es un cúmulo de cosas 

pero una me hizo explotar,

fue cuando te vi bailar.

Como te mueves no es normal.





miércoles, 17 de febrero de 2021

Inventos.

Hoy se cumplen 5 años de aquel cumpleaños tuyo que pasamos juntos. Igual ya ni te acuerdas, pero yo pienso en ese día de manera recurrente. Tú me dijiste que si íbamos al cine y yo dije que no, que quería quedarme hablando contigo. Quería seguir mirándote, saber más de ti... En fin, ya lo he escrito alguna vez. Se pueden encontrar trozos de aquel día en varias entradas de este blog. Un día que ocupa un hueco importante en mi corazón y en mis recuerdos y sigue inspirándome. 

5 años es un número demasiado redondo como para quedarme callado, dejar pasar el día y silenciar mis pensamientos. Pero ahora me lo tengo que inventar todo desde que no sé nada de ti. Me tengo que inventar que las cosas te van bien y que sigues adelante. Que duermes plácidamente, calentita bajo las mantas. Me invento que sonríes ligeramente y sin darte cuenta cuando los primeros y suaves rayos del sol te acarician cada mañana. Que tu pelo sigue igual de rojo. Me concedo el privilegio de inventar que me recuerdas con cariño y que de vez en cuando aún piensas en los momentos que compartimos. Así que me podéis llamar Jimmy Neutrón, el niño inventor. 



Y lanzan flores para la cantante,
tu nombre en letras de neón.
Mira cómo sonríe en el escenario,
qué dulce voz.
Qué divina está.





jueves, 31 de diciembre de 2020

Corolario.

A veces imagino que estoy conduciendo por una carretera de montaña en medio de la noche. Que el termómetro marca cerca de los 0° y que la fina carrocería es lo único que me separa del mundo hostil. Si fallase alguna de las miles de piezas que componen el coche tal vez esa burbuja se rompería y mi cuerpo quedaría a merced del frío y de la nada. Me pregunto qué pasaría si un exceso de confianza en alguna curva me hiciese acabar en una cuneta o en un barranco. Si el cansancio, el alcohol o alguna droga me la jugasen al volante. Sé que soy muy hábil conduciendo y no le temo a nada, pero podría suceder que un conductor en sentido contrario invadiese mi carril y lo último que viera fueran unas luces aproximándose a toda velocidad. Y yo incapaz de esquivarlas a pesar de mi pericia.

Qué imágenes atravesarían mi cabeza durante esas últimas décimas de segundo. Quién me lloraría al enterarse de que ya no estoy. Quién me olvidaría unos minutos después. Qué recordarían de mí las personas que me aprecian. ¿Sería una canción, mi sentido del humor o las palabras que alguna vez os dije porque os quería mucho? Cuánto tardaría el paso del tiempo en hacer que quien me recuerde intensamente se acostumbre a mi ausencia. Quién seguiría entrando aquí a leerme cuando le asalte la nostalgia de cuando yo existía. Creo que he dejado un completo legado, en caso de un súbito deceso, para quien quiera conocer mi manera de pensar. Y para quien quiera recordarla.

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A veces me sorprende mi fortaleza mental. Mi capacidad para vivir en el subsuelo y despertarme otro día más como si tal cosa. Encenderme un cigarro, hacer café y seguir nadando entre la mierda. A veces pienso que la música es mi único salvavidas. Escuchar una canción y saber que alguien más estuvo donde yo estoy. Esta vez está bien saber que no soy nada original. Me hace sentir un poco menos solo y me hace pensar que vivimos en una sociedad. Si tuviera que quedarme con algo de este año sería con las cosas buenas que le han pasado a gente que me importa, porque a mí no me ha pasado nada bueno. Así que aquí seguiré escribiendo hasta que me muera de asco. 




I've been the king, I've been the clown.
Now broken wings can't hold me down. 

I say goodbye to romance.
Goodbye to friends.
Goodbye to all the past.
  

domingo, 22 de noviembre de 2020

Un millón de veces.

Las calles están llenas porque las 23:50 son las nuevas 8:50. Y ahora te bebes en una hora lo que antes te bebías en tres. Y llegas a casa sin saber cómo has llegado. Y te tumbas en la cama muerto. Y no puedo no pensar en ti. ¿También apurarás el toque de queda o te habrás quedado en casa? Sin pasar frío y fresca como una rosa. Distraída con algo. Sin prestarle atención a nada que se encuentre más allá de esas cuatro paredes y sin necesidad de ello. 

Como lees yo he salido y estoy bien. Pensando mucho. Y aguantando, como Fidel en Sierra Maestra. Como Ho Chi Minh cavando túneles por toda Indochina. Mi pequeña revolución será resistir. Evitar el colapso. Pensar que aunque no estás seguiré tumbándome derrotado y solo en el sofá o en la cama y encontraré ese libro, disco o película que me rescate el día. Pensar que aún me quedan cafés salvadores a la luz del sol que calienta la mañana y cigarros de desconexión antes de seguir levantando el país. Cervezas que te reconcilian con el mundo y cruces de miradas con esa chica de la otra mesa. 

A mí me gustaría no pensar tanto en ti. Bueno, no es lo que me gustaría, pero es lo que mejor me vendría. Poder recordarte como algo bueno que pasó cuando las cosas vayan bien. Y como una cicatriz de una herida que dolió, cuando vayan mal. Y en todo caso saber que estás bien y que sigues con tus sueños intactos mientras es domingo y yo vuelvo a escribir unas tristes líneas con la sensación de haberlas escrito un millón de veces ya.



Estoy acostumbrado 
a vivir al este del Edén.

lunes, 9 de noviembre de 2020

Secuela.

Yo lo intento. Pongo distancia. Trato de desandar el camino como hiciste tú hace tiempo. Son muchos los kilómetros y cada valle y cada pendiente me recuerda a las curvas de tu piel. Sé que debería olvidarte pero me da miedo el vacío que quedaría. ¿De verdad es necesario olvidar lo más fuerte que he sentido? Lo más intenso. Trato de seguir adelante intentando que tu recuerdo quede bien guardado en un pequeño y aislado compartimento en mi memoria. Y así los domingos por la tarde acceder a él y recordar que yo también fui una vez un ser humano que quería tanto a alguien como para doler así. Bien guardado como referencia para engañarme pensando que alguna vez conoceré a alguien como tú. Con una mente para perderse. Con una personalidad discreta que se vuelve arrolladora sin que me de cuenta. De esas que construyen kilómetros y kilómetros de galerías subterráneas en el corazón antes de que sea la hora de llevarte a casa y despedirnos. Si hubiera sabido que aquella vez iba a ser la última que estaríamos así... Da igual. No hubiera cambiado nada. 

Yo intento aguantar pero entonces llega una noche como anoche y vuelvo a soñar contigo. Yo no entiendo por qué me hace esto mi cabeza. En el sueño todo es tan bonito. Tú sonríes a mi lado mientras paseamos agarrados. Yo no dejo de mirarte y no importa que estemos en el sitio más bonito del mundo. Pero suena el despertador y se acaba todo. Yo me quedo aturdido y empiezo a recordar el sueño como si tratase de recoger los pedacitos de esos momentos. Tu pelo, tus ojos, tu sonrisa. Me siento pobre y desvalido. Con solo esos pedacitos hasta el día en que me muera. Y nada más.



Estoy tan cansado de ser como soy.
Todo lo que dije lo dijo alguien ya.

Si elijo una boca, la boca del lobo es para mí.
Si llego a la meta marcaré en mi puerta, ¡claro que sí!
Si mato una cosa será mariposa, soy así.



viernes, 29 de mayo de 2020

Contraportada.

¿Cómo será todo en unas décadas? Me imagino un mundo con cierto aire cyberpunk. Habrá un robot que te escriba un texto como los que hoy te escribo aquí. Una inteligencia artificial analizará miles de textos de su base de datos, los cruzará con tus búsquedas de Google o con las canciones que más has escuchado últimamente y te ofrecerá una combinación de palabras pensada para emocionarte. Lo habrán diseñado unos japoneses. Yo no serviré para nada. 




Baby, I’ve got a heart that’s haunted
and in your cold and empty bed, you’ll think of me,
you’ll think of me.

But you should know, girl, that I’ll be crying
out on that lonely road where not a soul can see
I’ll shed my tears for a love that’s dying
and in your cold and empty bed, you’ll think of me, oh yes,
you’ll think of me.

The summer sun, girl, will bring a stranger
and he'll be better to you than I used to be.  
And when he takes you into his arms, girl,
well, in your warm and loving bed
you won't think of me, no, no.
You won't think of me.

  

viernes, 15 de mayo de 2020

Epílogo.

Permitidme que me ponga serio ahora que ha pasado más de un año desde la primera vez que la probé y muchos meses desde que decidí que ya no más. Incluso desde la última noche que fui débil. Solo quería decir que he cumplido. Que dije basta y así fue. Que incluso he dejado algún mal hábito más por el camino y que he adquirido algunos mejores. Dentro de lo malo que fue, sobreviví. Sin secuelas aparentes, a pesar de lo que hice algunas noches que no quiero recordar. Y maduré.

Pero no todo es tan sencillo. Hay noches que sé que si la tuviera cerca volvería a probarla. Y lo haría porque no tengo esperanza. No hay futuro. Solo la posibilidad de haber tirado diez años de mi vida a la basura y la incertidumbre de no saber si voy a ser lo bastante fuerte para empezar de cero. Diez años. Da vértigo. ¿Cuántos "diez años" me quedarán? Me da miedo pasarme el resto de mi vida sin nada, encadenado a un sitio que adoro, pero en el que ya no tengo a nadie. Salvo a mis pobres padres, que no se merecen todo esto, y por los que intento seguir a flote.

Solo tendría que hacer una llamada y en un rato la volvería a sentir en mi garganta. Porque no he probado nada que me evada más. Es así. Pero luego hace que te duela todo, incluso un año después. Es lo que tiene esta droga. Te deja en el infierno después de pasar por el cielo. Tengo miedo de que no haya nada por lo que estar bien. Tengo miedo de una vida vacía, con todos los sueños agotados. Una vida en la que esta química sea lo único que me haga sentir algo.

Sería tan fácil como hacer una llamada. Pero no lo he hecho.



Si no fuera porque 
me tienen que enterrar
y que dos cipreses negros
se comerán mis sueños.
Si no fuera porque 
es tan triste convertirse en recuerdo. 

martes, 5 de mayo de 2020

Diarios de la peste (VIII)


A veces me despierto como si me hubiera pasado un trailer de diez toneladas por encima. Como aquella canción de los Smiths pero sin que tú estés a mi lado. Te quedas en el sueño y cuando despierto me paso cierto tiempo como un conejo deslumbrado por los faros de un coche en una carretera comarcal. Me quedo un rato mirando al techo y me voy resituando. Intento armarme de valor para afrontar un nuevo día. Lo intento. Me fumo el primer piti. Me aferro a la rutina de siempre, haciendo todo lo posible por mantener la cabeza ocupada. A veces tardo un poco en poner música y me bebo el café a solas, en silencio. La música se ha vuelto peligrosa porque todas las canciones hablan de ti. O de mí. O de nosotros.

Me pregunto cuándo dejaré de repasar los momentos que compartimos. De buscar otros significados a tus gestos, a tus miradas y a tus sonrisas. A tus preguntas y a tus respuestas. Cuándo dejaré de inventarme recuerdos y momentos que nunca compartimos y que nunca sucedieron. Ciudades que nunca visitamos y besos que nunca nos dimos. Falsos momentos que solo existen en mi cabeza y que no sé muy bien por qué motivo escribo aquí. Ahora soy consciente de que perder algo no duele tanto como perder algo que pudo ser. Saber que no lo podrás probar nunca y no saber cómo hubiera sido todo. Miras tu vida con resignación sabiendo que sería diferente. Y no es difícil imaginar que seguramente sería mejor. Te sientes un poco tonto porque pensabas que eras de hierro, pero eres de papel y esto duele demasiado. 



Quise cortar la flor más tierna del rosal
pensando que de amor no me podría pinchar. 
Y mientras me pinchaba me dijo una cosa:
una rosa es una rosa, una rosa es una rosa.


lunes, 27 de abril de 2020

Diarios de la peste (VII)

Durante hora y media fui desgranando todo el setlist. Canciones que oía susurrar respetuosamente al público, intercaladas con otras que había escrito yo y que eran recibidas con sorpresa. Algunas gotas de sudor caían desde mi frente y atrevesaban la nariz hasta perderse en mi barbilla. En contadas ocasiones levanté la mirada hacia la gente que me escuchaba a unos metros. Y cuando lo hacía era incapaz de mirar a nadie a la cara. Ni siquiera cuando hablaba y decía cuatro tonterías cada tres o cuatro canciones. En realidad me gustaba tener a alguien a quien mirar, me transmitía seguridad y me hacía sonreír. Pero la realidad es que no había nadie lo suficientemente especial allí. Tal vez si tú estuvieras... Pero tenía que asumir que no.

Terminó el concierto y el lugar rompió en aplausos. Di las gracias al público y me despedí antes de guardar mi guitarra y recoger algunas de mis cosas. La gente me daba la mano y me felicitaba pero yo era incapaz de distinguir a ninguno de esos extraños, así que me limité a dar innumerables gracias mientras intentaba abrirme paso hasta la barra. Pedí una cerveza con el objetivo de refrescar la garganta. Me empecé a agobiar, así que decidí salir a la calle a tomar un poco el aire.

El frío me pareció atroz. Muchos eran los que aprovecharon para salir a fumar o para irse a otro lugar a continuar la noche, así que crucé la calle intentando evitar a toda la gente que se agolpaba fuera del local. Volví a encenderme un cigarrillo y me apoyé sobre la pared de un edificio. A penas podía sostenerme en pie y fui dejándome caer hasta llegar al suelo. Cerré los ojos y pensé en ti. Supuse que estarías dormida. Con una sonrisa en los labios. Calentita bajo las mantas. Quizá compartiendo cama con otro.

Suspiré de dolor y dejé caer mi cabeza hasta las rodillas. Creí que iba a desfallecer por completo al sentir punzadas en el vientre. Presioné con mi mano buscando aliviar aquel dolor, pero al retirarla volvía a resurgir con más fuerza. Respiré hondo y traté de calmarme. Pasaron los minutos y aquello fue cesando poco a poco hasta que desapareció casi por completo. Escuché pasos acercándose pero no hice caso hasta que se detuvieron justo frente a mí. Pude distinguir unas botas negras que precedían a unas piernas enfundadas en unos vaqueros también negros.

– ¿Te encuentras bien? te he visto en el concierto.
– Sí, tranquila, estoy bien–, dije mientras me levantaba no sin cierto esfuerzo. – El concierto me ha agotado y estaba aquí descansando.
– Es que te he visto ahí sentado y me he asustado un poco, la verdad–, dijo la chica un poco más aliviada.
– Últimamente soy especialista en asustar a la gente de esta forma–, apunté con resignación.

Nos quedamos unos segundos mirándonos en silencio. Vi su cara de cerca y me llamaron la atención sus ojos verdes que brillaban a la luz y unas pestañas notablemente largas. Era ligeramente morena y sus labios estaban muy rojos. Me contagié de su sonrisa y acabé sonriendo yo también.

– No sé qué haces mejor, si cantar o sonreír–, dijo ella con una mueca de niña traviesa.
– Pues claramente ninguna de las dos cosas–, contesté sonriendo.
– Bah, qué  tontería–, su sonrisa se esfumó siendo sustituida por un gesto de indignación.
– En serio, tengo una sonrisa muy fea y desafino un montón.

Se llamaba Mireia y era de Barcelona. Había venido a la ciudad para terminar sus estudios de comunicación audiovisual y era algo mayor que yo. Estuvimos hablando alrededor de una hora durante la cual fui descifrando sus pequeños detalles, tratando de comprender su caracter y su forma de pensar. Llegué a la conclusión de que era una chica dura, a la que le gustaba dominar todas las situaciones. Me hizo gracia pensar que a mí, en cambio, me gustaba dejarme llevar y que ella lo tendría fácil para hacer conmigo lo que quisiera. Pero no tenía fuerzas para resistirme y tampoco me importaba demasiado lo que me pudiera ocurrir. 

– Acabas de tener un escalofrío, así que me voy a quitar la chaqueta y te la voy a poner–, le dije con fingida autoridad.
– Pero qué dices. No hace falta, enseguida se me pasa.
– Tú eliges: o te pones mi chaqueta y me muero de frío o vamos dentro a tomar algo.

Eligió lo segundo y un instante después tiraba de mi mano hacia la acera del local. Le pregunté por sus amigos y me dijo que no me preocupara, que le había caído bien y que prefería hablar conmigo. Tuvo la consideración de pensar en despedirse de ellos y desapareció buscándolos entre la gente. Uno de los que todavía pululaban por allí era mi amigo Javier, al que no veía desde antes del concierto. Me vio un instante después de que yo lo divisara charlando con sus acompañantes y me guiñó un ojo dándome a entender que enseguida estaba conmigo. Medio minuto después me estaba presentando a las dos chicas, una pelirroja y una rubia con larga melena y aires nórdicos. Los tres me felicitaron por el concierto y yo les di las gracias sonriendo. Vi que Mireia se acercaba y al verme no se lo pensó dos veces y avanzó hasta mi lado cogiéndome del brazo. No hizo falta que la presentase, ella misma lo dejó todo claro sin que yo dijera una palabra.

Las acompañantes de Javier nos dejaron y hablamos unos cinco minutos más. Me contó que se iban a otro local y le dije que yo prefería quedarme, que estaba algo cansado para discotecas y demás. Él asintió y me preguntó si quería algo de lo que había pillado para la noche. Me quedé unos segundos pensando y miré a Mireia que me observaba expectante. Le dije a Javier que sí y sacó de su bolsillo un papel enrrollado en el que imaginé que había medio gramo. Me lo tendió mientras me decía que era un pequeño regalo por el concierto que me había marcado. Le di las gracias mientras la pelirroja le metía prisa y le prometí que le llamaría para tomar algo a la semana siguiente. Se marchó sin volver la mirada agarrado de la cintura de la chica.

Le pregunté a Mireia si quería probar aquello. Se lo pensó un par de segundos y respondió afirmativamente. Apuramos las cervezas y nos metimos en el servicio de señoritas. Ella tiraba de mi mano y me metió en el último de los aseos. Cerró la puerta y de su bolso sacó un pequeño espejo, una tarjeta de crédito y un billete de diez euros. Extendí parte de la droga sobre el espejo y ella empezó a triturarla con la tarjeta. Lo hacía bastante bien, así que supuse que ya tenía cierta experiencia. Aquella cantidad dio para tres rayas. "Nos partimos la tercera, ¿vale?", me dijo. Enrrolló el billete y se metió la primera. Un gemido ahogó su respiración mientras cerraba los ojos levantando la cabeza hacia arriba. Sin duda le había gustado.

Abrió los ojos y percibí que me miraba con cierta sensualidad. Me tendió el espejo y el billete y consumí la segunda raya. La sentí bajar por mi garganta y expandirse por mi sistema nervioso. Cerré los ojos de placer. Creí sentirla adherirse a mi cerebro y un espasmo recorrió cada centímetro de mi cuerpo estremeciendo cada nervio. Pude sentir su olor y su aliento dentro de mí. Volví abrir los ojos con el cuerpo pidiéndome más. Me metí la mitad de la tercera y Mireia acabó con la otra mitad.

Nos miramos sonriendo. Ella guardó el espejo y me empujo hasta sentarme en la tapa del servicio. La mirada de sensualidad se había convertido en lujuria, con sus ojos verdes ardiendo de una manera que jamás hubiera imaginado. Se quitó la blusa y vi que llevaba un sujetador claro del que casi se escapaban sus pechos, que me parecieron extremadamente apetecibles. Saltó sobre mí y suspiré al sentir sus caderas frotarse con las mías. Ella gimió al hacerlo y sentirme, repitiéndolo con más fuerza. Acercó su boca a mi oído y susurró que me la follara. Desabrochó mi camisa mientras yo desenganchaba su sujetador. Ambos respirábamos muy agitados. Se acercó a mí y sentí su pecho apretarse contra el mío. Dijo algo sobre mi piel, me besó y yo cerré los ojos.

Pero algo no iba bien. Aquel dolor en el estómago había vuelto. "¿Qué coño estoy haciendo?", me dije a mí mismo mientras sentía su lengua meterse dentro de mí y su respiración adherirse a mi piel. Centenares de pensamientos, de recuerdos, cruzaron mi mente chocando unos contra otros y rompiéndose en mil pedazos. Empecé a sentir como si algo estuviese a punto de estallar en mi cabeza. El corazón me latía demasiado rápido. La cogí de los muslos y me puse en pie dejándola en el suelo. Me separé de ella y la miré durante un instante. "No puedo hacerlo", le dije. Pude ver su cara de desconcierto y oí que me preguntaba algo que no quise oír. Me di la vuelta y, tras unos segundos tratando de descifrar el mecanismo de apertura de la puerta, salí fuera intentando abrocharme los botones de la camisa. 

La oí gritar desde allí dentro pero me resultó imposible saber qué. Mi corazón latía a una velocidad que me daba miedo y mi cuerpo sudaba cada vez más. Me costó media vida abrocharme los primeros botones pero lo conseguí justo cuando salía del servicio. Deseaba huir de allí y busqué con la mirada la chaqueta que había tenido el acierto de dejar al lado de la funda de la guitarra. Un minuto después había perdido de vistal el local y me dirigía con paso rápido, aunque errático, hacia casa. Un paso a juego con mi vida, que parecía tocar fondo cada día un poco más.



Fue aquella gitana que nos leyó el porvenir,
dijo "uno es el asesino y el otro es el que va a morir".
Y salimos de allí y el miedo sonó en tu voz: 
"antes de que tú me mates prefiero matarme yo". 







miércoles, 15 de abril de 2020

Diarios de la peste (VI)


Es verdad. Esas noches feas en las que me pregunto por qué merece la pena seguir. ¿Por qué, si no quiero, resisto aquí? Hoy solo se me ocurre que porque en 15 o 20 años la industria de Hollywood no tendrá ninguna idea original para una película así que solo se les ocurrirá financiar con ingentes cantidades de dinero una nueva saga de El señor de los anillos. Yo protestaré: ya no se hace cine como antes. Ya no hay nuevos Humphrey Bogart ni John Ford. Tampoco hay nadie como Ingrid Bergman. Pero aún así volveremos a emocionarnos cuando suene esa música épica y una carga de caballería aplaste a un rebaño de apestosos orcos y algún trol, cegados por la luz del mithrandir Gandalf. Durante esas tres horas me evadiré de mi vida. 

Seguir porque otro día dentro de mucho tiempo sonará una canción. Yo me acordaré de ti. Habré restringido tu régimen de visitas a mi cabeza. Pero sé que cuando llegue el estribillo y suenen esos arreglos de piano volverás con fuerza. Te dedicaré unos minutos asomado a la ventana, fumando un cigarrillo. Me preguntaré si estarás bien. Si serás feliz. Pensaré en cómo sería mi vida si estuvieras aquí. Si estuvieras conmigo. Si fueras mía. Será la nostalgia la que me domine, como un recuerdo de lo que sentí por ti. Un recuerdo de estar vivo. De cuando lo hubiese dado todo por ti.



130 noches recordé tu cara de ángel,
130 días lamenté no poder oír tu voz.

viernes, 10 de abril de 2020

Diarios de la peste (V)

Solo Dios sabe cuánto tiempo he dedicado a darle vueltas. Cuántas noches pensando. Cuántos cigarrillos consumidos mirando al horizonte. Pero todavía no logro situar el momento en el que te perdí. Qué fue lo que hice mal. Qué no cambió y debió cambiar, o qué cambió y no debió hacerlo. O si simplemente nunca pude tenerte. Si nunca fue posible para mí.

He repasado muchas veces cada momento que compartimos. El tiempo pasa y algunos de ellos se van difuminando poco a poco en mi memoria como una foto en papel. Otros se convierten en pasajes a modo de película. Y los más vívidos se clavan en mi mente y los siento de manera intensa. Son como una foto en alta resolución. Puedo adentrarme en ellos, fijarme en algún detalle y luego volver a mirarte a ti. Los he pensado tantas veces que no los voy a poder olvidar nunca. Pero son demasiado pocos. Y también se van difuminando con el paso del tiempo. Los recordaré y no sabré decir si hacía frío, qué canción sonaba o si de verdad estabas tan a gusto conmigo.



Wish I knew what you were looking for,
might have known what you would find.